domingo 1 de noviembre de 2009

Bill Gates y la piratería

Tras la larga sequía (¡un mes!) sin publicar nada tengo preparados algunos artículos, con lo que en este mes de noviembre retomo la actividad de este blog. Bien, para empezar, vamos a hablar de un hecho que desde mi punto de vista es bastante significativo aunque su importancia real en aquel momento no fue tanto, aunque eso sí, dio muchísimo de qué hablar. Hablo de la carta escrita por Bill Gates al Hombrew Computer Club.

Bill Gates, como a estas alturas todo el mundo sabe, fue el fundador junto a Paul Allen de Microsoft, la mayor empresa de informática del mundo y durante algunos años la mayor empresa del mundo, así, en general. Pero en febrero de 1976, año en que fue publicada la carta de Bill Gates, en Microsoft eran cuatro chavales jugando a ser empresarios. ¿Dije cuatro? En realidad ni siquiera llegaban a esa cantidad. Pero vayamos por partes.

Bill Gates, antes de fundar Microsoft, ya había intentado crear su propia empresa, Traf-O-Data, junto con su amigo Paul Allen en 1972. Si tenemos en cuenta que Bill Gates nació en 1955, efectivamente, contaba con la edad de 17 años (bueno, casi, ya que nació a finales del 55) cuando intentó crear su primer negocio. Esta primera experiencia no fue ni bien ni mal, y si no fuera por ser su primera empresa habría pasado sin pena ni gloria por los anales de la historia. Pero para esta historia tiene una importancia también simbólica: demuestra el espíritu emprendedor de Gates y Allen.

Los años pasaron y Bill Gates acabó en Harvard estudiando derecho. Sin embargo, desde muy jovencito Bill Gates se sintió muy atraído por los computadores de su época, y en especial por los que había en Harvard, un PDP 6 de Digital. Así que tanto para Gates como para Allen fue toda una revelación descubrir en la portada del mes de enero de 1975 de la revista Popular Electronics un ordenador personal, el Altair 8800.

Sin embargo, si bien el Altair era un ordenador completo (para lo que era un ordenador en aquellos tiempos), le faltaba algo muy importante para ser medianamente útil: software. En aquellos momentos no había nada, absolutamente nada de software creado para los ordenadores domésticos. Demonios, ni siquiera había ordenadores domésticos. Así que Bill Gates y Paul Allen se pusieron a trabajar en una versión del lenguaje BASIC que funcionaría en el Altair. Como no tenían ningún Altair con el que probar (no había tampoco muchos en el mundo), tuvieron que crearse un emulador del mismo en el PDP de su universidad según las especificaciones que había en la revista. Finalmente, cuando terminaron de escribirlo se pusieron en contacto con MITS para vendérselo, y gracias a ese negocio Bill Gates abandonó la universidad (con el consiguiente cabreo de sus padres) y nació Microsoft (en la imagen adjunta podéis ver su primer logo).

En aquellos entonces la programación de un microcomputador no es como ahora. Es decir, si quieres hacer un programa para Windows, para Linux o para Mac (por poner las tres plataformas domésticas más relevantes), normalmente trabajas en la misma plataforma para la que desarrollas, pero durante los 70 (y también durante buena parte de los 80), todo el trabajo de desarrollo se hacía en minicomputadores como los PDP (donde tenéis a la derecha una imagen de cómo era un cacharrito de esos) o ya en los 80 máquinas de Sun. Y como dichas máquinas eran caras, pequeñas empresas sin recursos como Microsoft no podían comprarse una de estas sino que tenían que contratar tiempo de computación a empresas que alquilaban sus grandes sistemas. Por lo tanto, para ahorrar costes, todo el trabajo que pudiera hacerse sobre el papel se hacía para minimizar el tiempo de computación necesario.

El Altair no fue el primer ordenador personal del mundo, pues ya había habido prototipos y diseños anteriores tanto de grandes compañías como de aficionados a la electrónica. Pero el Altair era, podríamos decir así, el primer ordenador popular, el primero que tenía una empresa detrás a la que se lo podías pedir y que te enviaba los componentes para que te lo montaras tú o, pagando un sobreprecio, ya montado. Aquí podéis ver, de hecho, un anuncio de la época en la que aparece una especia de oficina con diversos ordenadores, entre ellos el Altair.

También era MITS, en aquel momento, la única que te vendía un lenguaje de programación con el que podías empezar a hacer cosas “con facilidad”. Incluir el BASIC de Microsoft no era barato, pues aparte de pagar el programa necesitabas comprar módulos de memoria porque con la que venía de serie en el Altair no funcionaba. Así que en los primeros tiempos la simbiosis entre MITS y Microsoft era total. Que el BASIC de Microsoft pudiera adquirirse con el MITS y que de hecho fuera el único lenguaje de programación disponible en el, de lejos, ordenador más vendido en 1975 hizo que el BASIC de Microsoft se convirtiera en el estándar del BASIC para microcomputadores, y así otras empresas que empezaban y que querían contar con un BASIC compatible con el de Microsoft empezaron a llamar a la puerta de la empresa de Bill Gates. Y tanto es así que si bien al principio Microsoft fue muy beneficiada por la publicidad hecha por MITS con el Altair, a finales de año era al revés, MITS vendía tantos Altairs gracias a que era la forma más sencilla y económica de conseguir el BASIC de Microsoft.

Sin embargo, ya en aquellos entonces una sombra amenazaba el crecimiento de Microsoft como empresa: la piratería. Para entender el problema y la carta de Bill Gates hay que explicar cuál era la mentalidad de la época. Por un lado, en aquellos entonces no había una industria del software como tal, o al menos nada parecido a lo que hoy conocemos como industria del software. En los grandes sistemas, normalmente era el mismo fabricante del ordenador el que proporcionaba todas las utilidades software que pudieras necesitar, por lo que este no era más que un valor añadido del hardware en vez de un producto independiente con valor per se. Y si el cliente necesitaba algo más o algo distinto, podía contratar a alguien (ya fuera interno, al fabricante del hardware o a un tercero) que le hiciera la aplicación a medida.

Puesto que no había paquetes de software tal y como los conocemos hoy, en general el código fuente no estaba tan protegido como hoy en día, e iniciativas como el software libre no tenían sentido. Pongamos como ejemplo que AT&T regalaba una licencia UNIX a quien se la pidiera, junto con su código fuente. Y eso era bastante habitual. El negocio estaba en el hardware y no en el software.

Y si encima hablamos del Homebrew, unas reuniones de aficionados a la informática donde reinaba el espíritu hacker de compartición del conocimiento, si alguien tenía un programa y otra persona lo necesitaba, lo normal era compartirlo. Independientemente de si alguien había pagado por él. A MITS desde luego no le importaba. Ellos ganaban dinero vendiendo hardware, y pagaran o no por el BASIC a Microsoft seguían necesitando las ampliaciones de memoria para hacerlo funcionar, así que por ellos todo podía seguir igual.

Sin embargo, Microsoft ganaba dinero sólo si vendía software, por lo que el intercambio de copias piratas (o peor, las ventas pirata) mermaban sus ingresos e impedía su crecimiento (al menos, eso es lo que pensaba Bill Gates). Quizá si alguien de aquí ha tenido un ordenador de 8 bits no termine de entender cuál es el problema. Es decir, si has tenido un Spectrum, un Amstrad o un Commodore, el BASIC te viene en la ROM, y el fabricante del ordenador ha tenido que pagar a Microsoft (o al que sea) por él, ¿no? Sí, pero a mediados de los 70 un sólo chip de ROM era muy caro, por lo que no venía en él el BASIC sino que si querías usarlo tenías que cargarlo en la RAM (y por eso necesitabas tanta, más de la que traía de serie el Altair).

¿Cómo sabía Microsoft que la piratería le estaba haciendo tanto daño? Muy sencillo. Bill Gates presuponía (siempre se le dio muy bien eso) que si alguien compraba un Altair y pagaba la ampliación de memoria a 4 kbytes (sí, un soniquete de tu sistema operativo actual ocupa más) era necesariamente porque ese alguien quería utilizar su BASIC. pero si mirabas las ventas de BASIC y las ventas de expansiones de memoria, veías que se vendían muchas más ampliaciones de memoria que licencias de BASIC. Por lo tanto, toda esa gente estaba consiguiendo gratis su BASIC, o por lo menos pagando a alguien que no eran ellos, los legítimos creadores del programa.

Claro, ¿para qué podría la gente querer ampliar su memoria RAM si no es para correr el software de Microsoft? No obstante, algo de razón tenía. Su BASIC se había convertido en el estándar y entre los aficionados, especialmente los que tenían un Altair, circulaban infinidad de pequeños programas en BASIC que necesitaban de su intérprete para funcionar. Estos pequeños programas se publicaban en revistas como la editada por el Homebrew Computer Club. Y es por eso por lo que Bill Gates decidió escribir una carta a la revista para exponer sus razones. Una traducción mía de dicha carta (que la tenéis también aquí adjunta escaneada de la original) es:


Una carta abierta a los aficionados

Para mí, la principal traba actual del mercado microinformático es la falta de buenos cursos de software, libros sobre el tema y el mismo software. Sin buen software y sin propietarios que sepan programación, un microordenador es inútil. ¿Habrá software de calidad escrito para los microordenadores?

Hace casi un año, Paul Allen y yo, esperando que se expandiera el mercado microinformático, contratamos a Monte Davidoff y desarrollamos el Altair BASIC. Aunque el trabajo inicial nos tomó sólo dos meses, nosotros tres hemos dedicado el resto del año al trabajo de documentación, mejora y añadido de nuevas características al BASIC. Ahora tenemos 4K, 8K, EXTENDED y DISK BASIC. El valor económico del tiempo de computación necesitado para todo ello excede los $40.000.

Las reacciones que hemos recibido de cientos de personas que afirman utilizar BASIC han sido todas positivas. Pero hay dos aspectos que sorprenden, a saber: 1) La mayoría de esos “usuarios” nunca compraron BASIC (menos del 10% de todos los poseedores de un Altair han comprado BASIC), y 2) La cantidad de royalties que hemos recibido de las ventas de los usuarios hacen que el tiempo dedicado al BASIC del Altair se haya pagado a menos de $2 la hora.

¿Por qué sucede esto? Como la mayoría de los usuarios deben haber comprendido ya, la mayoría robáis nuestro software. Hay que pagar por el hardware, pero el software es algo que se puede compartir. ¿A quién le importa si la gente que trabajó en él fue pagada?

¿Es esto justo? Una cosa que no puedes utilizar robando software es obtener asistencia técnica de MITS si tienes problemas. MITS no gana dinero vendiendo software. El royalty que va para nosotros tiene que pagar también el manual, la cinta y todo lo demás. Por lo tanto, lo que haces es impedir que se escriba más software de calidad. ¿Quién se puede permitir realizar un trabajo profesional a cambio de nada? El hecho es que nadie aparte de nosotros ha invertido mucho dinero en software para microordenadores. Hemos escrito una versión de BASIC para el 6800, y estamos escribiendo 8080 APL y 6800 APL, pero hay muy pocos incentivos para que este software está disponible para el mercado microinformático. Directamente, lo que estás haciendo es robar.

¿Y qué hay de la gente que revende copias piratas del Altair BASIC? ¿No están ganando ellos dinero con el software para microordenadores? Sí, pero como al final a nosotros no nos llega nada a la larga todos perdemos. Son esta gente la que le dan al mercado microinformático tan mal nombre, y deberían ser expulsados de cualquier reunión de aficionados que se produjera.

Apreciaría la cartas de cualquiera que quisiera pagar por su software, o que tuviera alguna sugerencia o comentario que hacer. Tan sólo escríbeme al 1180 Alvarado SE, #114, Albuquerque, Nuevo México, 87108. Nada me gustaría más que poder contratar a diez programadores e inundar el mercado microinformático con buen software.

Bill Gates
Socio principal, Micro-Soft


Bien, ¿qué vendría después? Mucha gente, tras la lectura de esta carta, decidió pagar la licencia de BASIC que solicitaba Microsoft. Hasta aquel momento, cuando alguien hacía un programa lo normal es que lo publicara para que todo el mundo lo pudiera copiar y probar. Por lo tanto, si la gente comparte sus programas, y necesitas un intérprete de BASIC para hacer funcionar esos programas que todo el mundo comparte, pues lo normal es que alguien te preste también dicho intérprete. Es decir, era un problema de mentalidad, pues el hardware es algo que se puede tocar, se puede pesar, se puede medir, tiene una base física y por lo tanto hay que pagar por ello. Pero el software pertenece al mundo de las ideas, y... ¿pagar por las ideas? ¿Sobre todo cuando alguien ya te las ofrece gratis?

Por supuesto, esta carta también despertó las iras de muchas otras personas. A nadie le gusta que le llamen ladrón, en especial cuando ni sabías que había que pagar por algo que has cogido gratis y además piensas que ese algo debería ser en cualquier caso gratis.

Bill Gates fue invitado a participar en unas charlas de la Homebrew para defender su postura, y aparte de eso y de conseguir una mayor concienciación de que el software comercial hay que pagarlo, poca más importancia real tiene este suceso. Pero, como importancia simbólica, pocos hechos hay más relevantes que este...

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por esta píldora, tu blog está cada vez más interesante.

    Como usuario de Software Libre, me opongo a la manera en que se comporta el gigante corporativo MS, sin embargo, como economista entiendo (mas no justifico) que MS no ha hecho más que jugar bajo las reglas del juego.

    De cualquier manera, creo que MS ha sido una empresa muy importante en la industria informática.

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  2. Aunque ahora soy maquero, durante muchos años fui linuxero y he tenido buenos maestros en el tema, así que conozco bastante bien la filosofía del movimiento del software libre.

    Desde mi punto de vista, que una empresa haga toneladas de dinero con un producto de software es tan ético como cualquier otra actividad económica remunerada y legal. El problema, nuevamente desde mi humilde punto de vista, reside principalmente en el poder que Microsoft ha conseguido (y otras empresas como Google o Apple en distintos sectores) y, sobre todo, en el abuso del mismo.

    Por suerte, el software libre, pese a las trabas que las grandes, sigue y seguirá existiendo y suponiendo siempre una alternativa completamente válida al software cerrado.

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