miércoles 12 de agosto de 2009

El regreso de Steve Jobs a Apple (1997)

Tras el comentario de Mr Blogger diciendo que había oído que fue Microsoft quien puso a Steve Jobs al frente de Apple, me he decidido escribir esta tercera píldora de historia informática sobre el regreso de Jobs a Apple. Sabemos que en agosto de 1997 ya estaba al frente de la compañía, pero... ¿qué sucedió para que alguien completamente desvinculado a Apple en diciembre de 1996 acabara dirigiendo su destino en agosto de 1997?

Como siempre, para entender las motivaciones de los protagonistas, hay que empezar por los antecedentes. Steve Jobs fue uno de los fundadores de Apple (que han quedado en la conciencia popular que estos fueron Steve Jobs y Steve Wozniak, pero en realidad fueron tres, sólo que el tercero se fue al poco tiempo y aparte no fue ni de lejos tan determinante como los dos Steves), mientras Steve Wozniak tenía un perfil más técnico Jobs en cambio, sin ser un completo ignorante en la materia, no estaba especialmente cualificado como ingeniero. Su especialidad, en lo que era realmente bueno, era en el liderazgo de un grupo. Eso sí, muy a su manera.

Cuando a principios de los 80 John Sculley fue contratado por Apple para el puesto de CEO, la idea general era que se fichaba a alguien con experiencia y que había demostrado ampliamente su valía derrotando al gigante Coca Cola en Pepsi, y que desde su puesto serviría como maestro y mentor de Jobs, pues era presumible que con el tiempo Steve acabaría desempeñando este papel en Apple.

Sin embargo, en 1985, las ventas de Apple eran bastante decepcionantes. No es que realmente fueran malas, pero comparado con lo que se esperaba que fueran eran considerablemente decepcionantes. El Apple Lisa nunca llegó a vender mucho, el Apple III había dado tantos problemas que terminó comercializándose bajo el nombre Apple II por la mala fama que había cogido, y el Macintosh, el caballo ganador que llevaría a la empresa a dominar el mercado con un producto netamente superior, parecía que había perdido su toque mágico y sus ventas también no paraban de resentirse. Incluso el todopoderoso Apple II, el ordenador con el que se había sustentado todo, empezaba a mostrar signos de agotamiento.

Steve Jobs tenía varias ideas para dar la vuelta a la situación, pero chocaban con Sculley. Así que, básicamente, intentó un golpe de estado dentro de Apple, forzando la situación para que la junta directiva eligiera entre él y Sculley. Jobs tenía una gran seguridad en sí mismo, porque, pensaba él, cómo no iban a decantarse por el enphant terrible de la informática, el chico maravilla fundador de la empresa y, dicho sea de paso, máximo accionista individual. Pero se equivocó, la junta directiva apostó por la veteranía de Sculley y Jobs se vio relegado a un puesto sin importancia.

Así que tras unos meses meditando su futuro, en el que incluso se planteó ir en el malogrado proyecto Challenger, Steve abandonó Apple, vendió todas sus acciones menos una (para así poder seguir recibiendo los informes de Apple pues, aunque sólo fuera de una acción, seguía siendo accionista) y fundó una nueva compañía, NeXT, y también ya que estaba compró otra como curiosidad y pasatiempo y que con el tiempo le daría primero muchísimos quebraderos de cabeza y finalmente le harían de oro: Pixar.


Con la ausencia de los dos principales fundadores (aunque realmente Wozniak nunca llegó a irse de Apple, y aún hoy sigue estando vinculado a la empresa), Apple tuvo sus momentos buenos y malos, alcanzando en los años finales de los 80 su primera era dorada donde los beneficios eran tan altos que hasta se permitía el lujo de repartir dividendos (prácticamente ninguna empresa de informática, salvo gigantes como Microsoft o IBM, reparten o han repartido dividendos. Y Microsoft sólo hasta hace cosa de 10 años no ha empezado a hacerlo).

Pero los 90 vinieron mal dados, y la estrella de Apple empezó a apagarse. A medida que las ventas se reducían y los beneficios menguaban John Sculley intentó encontrar un comprador de la compañía entre grandes empresas como Philips, Siemens, Kodak, AT&T, IBM, Toshiba, Compaq o Sony, aunque sin mucho éxito.

En cualquier caso, ante la evidencia de que John Sculley era incapaz de remontar la situación, la junta directiva le obligó a dimitir en 1993. Su sucesor, Michael Spindler, intentó remontar el vuelo con varias estrategias con dispar éxito que no lograron devolverle el esplendor a Apple. También Spindler intentó librar a Apple de sus problemas fusionándola con la Sun Microsystems de Scott McNeally, un dirigente de probada personalidad y carisma que seguramente le haría mucho bien a Apple. Era el año 1995 y, pese a las avanzadas conversaciones, las voluminosas pérdidas de Apple de aquel trimestre hicieron que McNeally se lo pensara mejor y diera marcha atrás. Apple tendría que solucionar sus problemas solita.

Enero de 1996 vería primero cómo Spindler necesitaba asistencia médica urgente debido a que la fuerte presión a la que estaba sometido en Apple estaba afectándole demasiado seriamente a su corazón, y finalmente el 31 de enero la junta directiva de Apple le relevó del cargo.

Su sucesor, Gil Amelio, se propuso renovar la compañía en 5 principales frentes, tanto tecnológicos como "culturales". En cualquier caso, las pérdidas de Apple en 1996 ascendieron a la nada despreciable cantidad de 1.000 millones de $, más impresionantes aún si tenemos en cuenta que Apple estaba valorada por aquellos entonces un poco más de 10.000 millones de $.

Uno de los frentes en los que Gil Amelio se proponía renovar la compañía era en el terreno del software, especialmente en el de los sistemas operativos. MacOS 7 había sido un excelente sistema operativo, pero la edad empezaba a pesar muy seriamente en él, se iba quedando demasiado atrás. Desde principios de los 90, Apple estaba trabajando en su sucesor, el proyecto Copland, pero tras todos estos años y varios cientos de millones de $ gastados inutilmente, Amelio comprendió que lo mejor era tragarse el orgullo, cancelar para siempre el proyecto y buscar fuera de Apple lo que esta había sido incapaz de crear dentro.

Para ello, Gil Amelio contaba con cuatro posibles candidatos: Windows NT de Microsoft, Solaris de Sun, BeOS de Be, Inc y por último NEXTSTEP de NeXT.

El principal candidato para Gil Amelio era Windows NT. No en vano, Amelio mantuvo contactos durante 1996 con Bill Gates explorando la posibilidad de que Microsoft portara Windows NT a la plataforma Mac pero conservando el interfaz gráfico clásico de la manzana. Por supuesto, Bill Gates estaba encantadísimo con el trato, pero a la jefe de tecnología de Apple, Ellen Hancock, no le gustaba tanto la idea al considerarla un proyecto muy arriesgado. Ella apostaba más por el segundo candidato, Sun Solaris, un sistema UNIX muy asentado, robusto y estable.

Finalmente, ya fuera por razones técnicas o de negocio, los dos principales candidatos quedaron descartados, por lo que sólo quedaban BeOS y NeXT. BeOS, el sistema operativo de Be, Inc, empresa fundada por el ex de Apple Jean-Louise Gassée y el sucesor de Steve Jobs en la misma en 1985, era del agrado de Gil Amelio, pues era un sistema operativo muy ligero y muy muy moderno, más avanzado en muchos aspectos que el de NeXT, aunque también mucho menos maduro.

Apple empezó las negociaciones ofrenciendo $200 millones por Be, Inc, pero Gassée comprendía que Apple estaba desesperada y que por lo tanto podría conseguir un trato mejor, por lo que pidió por su empresa $400 millones y a continuación se sentó a esperar seguro de que Apple acabaría cediendo.

Sin embargo, pese a que a Steve Jobs ni se le habría pasado por la cabeza entrar a negociar con Apple, por fortuna para NeXT sí que había gente en la empresa dispuesta a dar el primer paso. John Landweln, seguro de que NEXTSTEP era lo que Apple realmente necesitaba, convenció a Mitch Mandich, el vicepresidente de ventas de NeXT, para que contactara con Apple a espaldas, por supuesto, de Steve Jobs, el cual desde luego no se iba a rebajar hasta el extremo de ofrecerse a su antigua empresa.

Para lograr el contacto, Mandich se sirvió de un directivo de nivel medio de NeXT llamado Garrett Rice, el cual llamó a un ingeniero de Apple para conseguir entablar conversaciones con Ellen Hancock, todo esto, por cierto, en el día de Acción de Gracias.

En menos de una semana se iniciaron las negociaciones de compra por parte de Apple. Dado que NeXT no era conocida especialmente por su éxito comercial, Apple por si acaso, mientras negociaba con ella, iba preguntando a todos los socios tecnológicos que tenía o había tenido NeXT buscando un sólo motivo por el que dar marcha atrás a la operación. Al no encontrarlo, las negociaciones siguieron su curso hasta que se llegó un punto lo suficientemente avanzado como para hacer partícipe a Steve Jobs. Puede que esto sea un poco raro, pero no era lo mismo pedirle a Jobs que llamara a la puerta de Apple para ver si querían comprarle que presentarle un interés firme de compra. Por lo primero nunca pasaría, por lo segundo... a ver qué oferta es esa que hacen :).

Sin embargo, Jean-Louise Gassée empezó a temer que la fruta madura no sólo caería del árbol sino que la acabarían recogiendo otros, por lo que rebajó sus pretensiones y ofreció a Apple la oportunidad de comprar Be, Inc por $210 millones, cifra muy cercana a los 200 millones iniciales ofrecidos. Sin embargo, ya era tarde.

Para Gil Amelio, el valor de NeXT no estaba sólo en su software, el cual era innegable, sino también en que con dicha compra podía incorporar a la plantilla de Apple de nuevo a Steve Jobs, dando así un gran golpe de efecto. Y, ante eso, Be, Inc no tenía mucho más que ofrecer.

Así, finalmente se cerró la compra de NeXT por parte de Apple por la suma de $350 millones, aparte del pago de la deuda que en aquel momento tenía NeXT de unos $50 millones por parte de Apple. En total, unos $400 millones, lo que pidió Gassée por Be, Inc. Sin embargo, lo que Gil Amelio no consiguió fue convertir a Steve Jobs en empleado en nómina de Apple. Se llegó a un acuerdo de compromiso, de forma que Jobs estaría vinculado a la compañía como asesor externo. No era exactamente lo que quería, pero sí suficiente.

Evidentemente, en aquel momento muchos eran los que comprendían que Steve Jobs anhelaba el puesto de Gil Amelio, el puesto que varias veces había ambicionado en el pasado y que hasta este momento se le había resistido. Bill Gates llamó a Gil Amelio para advertirle. Incluso en la rueda de prensa que dieron anunciando el acuerdo de compra le preguntaron al mismo Jobs al respecto. "Oh no, Louise", respondió a Louise, la periodista que había hecho la pregunta. "Tengo una familia. Tengo otros intereses".


Steve apareció, aunque en un relativo segundo plano, en la keynote de enero de 1997. Gil Amelio seguía siendo el jefe, y la conferencia era suya. Tras una larga y aburrida charla, finalmente, presentó a varios nuevos asesores de la junta directiva, y entre ellos estaban tanto Steve Wozniak como, sobre todo, Steve Jobs, el cual se llevó una gran ovación. Jobs siempre ha dominado el arte de encantar al público en sus actuaciones, y tras el largo tostón de Gil Amelio la breve y dinámica charla con la que obsequió a la ilusionada audiencia levantó muchísimas más espectativas que todos los monólogos de Amelio. Steve se apuntaba un tanto a su favor, la competición, aunque lo negaran, estaba servida.

Jobs ejerció su calidad de asesor acompañando en varias ocasiones a Gil Amelio en diversas reuniones con varias importantes personalidades del mundo de la informática, como por ejemplo Bill Gates, de quien consiguió que se comprometiera a apoyar el desarollo de Raphsody, la unión de NEXTSTEP y MacOS 7 y que acabaría siendo lo que después se conoció como MacOS X. Puede que Gil Amelio fuera el CEO, pero era Steve quien negociaba. Él era el encantador de serpientes.

Tras finalizar el primer trimestre de 1997 y hacerse públicas las cuentas de la compañía, la dura realidad seguía golpeando a Apple. Desde que Gil Amelio se hiciera cargo de la empresa en enero de 1996 Apple había perdido $1.600 millones. Amelio consiguió aguantar en el puesto algunos meses más, pero finalmente el 9 de julio fue despedido por la junta directiva.

Rápidamente, Jobs tomó el control de Apple aprovechando el vacío de poder (tengamos en cuenta que ni siquiera está en nómina en Apple y sólo tiene una acción de la empresa) y apoyándose en su autoridad moral y el respeto que provocaba. Para reforzar su posición purgó de la junta aquellos directivos que habían estado en la misma durante la ya larga decadencia de la empresa, colocando a cambio a tres personas de su máxima confianza. Por cierto, una de ellas es su gran amigo Larry Ellison, el fundador y CEO de Oracle, el cual sólo unos meses antes soltó la bomba a la prensa de que se estaba planteando la posibilidad de comprar Apple y sentar a su amigo Jobs a dirigirla. Sepa Dios si lo llegó a decir en serio o no.

Es también en aquel momento cuando Michael Dell responde cuando le preguntan su opinión sobre los cambios en Apple que si él fuera Jobs lo que haría sería liquidar la empresa y repartir el dinero sacado a los accionistas. Nueve años después, en enero del 2007, Steve Jobs recordó esta cita tras superar Apple a Dell en bolsa.

En cualquier caso, en la keynote de agosto de 1997, la misma de la que ya hablamos en esta píldora, aún no estaba claro exactamente el puesto que ocupaba Jobs en el organigrama de Apple. Sin embargo, como a efectos prácticos él era quien tomaba las decisiones dentro de la compañía, que el 16 de septiembre fuera nombrado CEO interino no sorprendió a nadie. Bueno, sí, que fuera "interino" y no CEO a secas. Y también sorprendió su salario. Jobs cobraría $1 al año. Sí, sólo uno. Y no recibiría, pese a que la junta se lo ofreció, ni una sola acción por ello. No era por dinero, decía Steve, y con este gesto lo demostraba. El dinero, o mejor dicho, las acciones vendrían después, pero esa ya es otra historia que habrá que contar otro día...

5 comentarios:

  1. Estoy siguiendo tus artículos con mucho interés, entrega tras entrega.
    Quizás lo tengas planeado, pero de todas formas te comento que me interesaría que escribas sobre la historia del Newton Message Pad (tengo entendido que fue una historia llena de sobresaltos dramáticos, suicidios incluidos) y sobre la historia de OS/2.

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  2. Hola Iván.

    Efectivamente, la historia del Newton tiene varios momentos realmente dramáticos, como el suicidio que comentas. Sí tenía pensado publicar algo al respecto, pero no a corto plazo.

    Del OS/2 la verdad es que por el momento no había pensado en él, pero también es un muy buen candidato a aparecer en estas páginas.

    Muchas gracias por tus sugerencias :)

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  3. genial esta entrada, el blog entra de cabeza al core de mis favoritos :D

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